martes, 12 de junio de 2018

Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH): Prevalencia y Características Sociodemográficas en Población Reclusa




Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH): Prevalencia y Características Sociodemográficas en Población Reclusa
Attention Deficit Hyperactivity Disorder (ADHD): Prevalence and Sociodemographic Features in Imprisoned Population

Celestino Rodríguez Pérez  ,José Carlos Núñez Pérez a  ,,Francisco Javier Rodríguez Díaz* Alba Parrales Granda ,Carolina Bringas Molleda ,Trinidad García Fernández
(Universidad de Oviedo, Oviedo, España-Universidad de Extremadura, Cáceres, España

Resumen
Diversos estudios coinciden en señalar que la prevalencia de enfermedades mentales en internos penitenciarios es significativamente mayor que en la población general. En este contexto, la literatura muestra que existe una importante presencia de síntomas del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en esta población. Sin embargo, la investigación al respecto es escasa. En este estudio se estimó la prevalencia con cribado positivo para TDAH en la población penitenciaria, y se establecieron las características sociodemográficas asociadas al trastorno. Se administraron dos escalas de evaluación del TDAH ampliamente empleadas y validadas en población adulta - ASRS y WURS. Los participantes fueron 143 presos del Establecimiento Penitenciario de Villabona (Asturias, España), con un rango de edad entre 18 y 69 años. Los resultados obtenidos indican una prevalencia aparente del TDAH en torno al 25% utilizando ambas escalas y con resultados coincidentes entre ellas. Además se encontraron diferencias significativas por sexo, por nivel de escolaridad y situación laboral, con diferentes perfiles según la presencia de los síntomas del TDAH. Estos resultados evidencian la necesidad de estudiar las consecuencias de este trastorno en la población penitenciaria, con el objeto de mejorar el manejo terapéutico en este contexto, atendiendo a sus características.

Palabras-clave: TDAH; prisión; prevalencia; características sociodemográficas; evaluación de la conducta

Abstract
There is a good deal of evidence suggesting that the prevalence of mental disorders among imprisoned people is significantly higher that in general population. In this context, literature shows that there is an important presence of Attention Deficit Hyperactivity Disorder (ADHD) within this population. However, research on this topic is lacking. This study estimated the prevalence of ADHD in a penitentiary population by means of positive screening and established the sociodemographic characteristics related to the presence of the disorder. Two different scales of ADHD, widely applied and validated for adult population, were used for this purpose - ASRS and WURS. One-hundred and forty three prisoners between 18 and 69 years old from Villabona's Penitentiary Establishment (Asturias, Spain) took part in this study. Results showed 25% of apparent prevalence of ADHD, using both scales. Statistically significant differences were found in sex, educational level and employment situation, showing different profiles as a function of the presence of ADHD symptoms. These results highlight the need to study the consequences of this disorder within imprisoned populations in order to improve therapeutic management, paying attention to their characteristics.

Key words: ADHD; Prison; Prevalence; Sociodemographic characteristics; Behavior assessment
La prevalencia del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad -en adelante TDAH- (1) se estima entre el 3 y el 7%, afectando en mayor medida al género masculino que al femenino, en una proporción que varía de 2 a 1 hasta 9 a 1 según diferentes investigaciones (Caballo & Simón, 2001), teniendo que ser considerada estas proporciones de género en los diferentes estudios sobre TDAH en adultos y las conclusiones aportadas (Rösler et al., 2004). La evolución de los síntomas es dependiente de la sintomatología en la infancia, de modo que los síntomas de hiperactividad-impulsividad durante la edad escolar tienden a disminuir en la adolescencia; sin embargo, cuando los síntomas están relacionados con la inatención, éstos persisten incluso hasta la edad adulta (Brown, 2003).
Por otro lado, y en concreto en la edad adulta, las enfermedades mentales parecen ser más frecuentes en población penitenciaria que en población general (Fazel & Seewald, 2012; Martin, Wamboldt, O'Connor, Fortier, & Simpson, 2013). El informe de prevalencia de trastornos mentales en centros penitenciarios españoles (Vicens-Pons & Grupo de Prevalencia en Cárceles [Grupo PRECA], 2009) recoge que ocho de cada diez internos ingresados en cárceles han padecido a lo largo de su vida un trastorno mental, con un 40% de estos internos presentando alguno de ellos en la actualidad -alrededor del 80% presenta historia de trastorno por uso de sustancias, principalmente alcohol y cocaína. Varios estudios han encontrado una prevalencia de enfermedades mentales cinco veces mayor en internos penitenciarios que en la población general (Fazel & Seewald, 2012; Martin et al., 2013; Sanz-García, Dueñas, & Muro, 2010).
No obstante, cabe resaltar la escasa investigación del TDAH en este grupo de interno, al menos en comparación con la investigación dedicada a este trastorno en otro tipo de poblaciones. Esta realidad se constata en el número de trabajos publicados. Así, por ejemplo en Europa, 22.177 artículos fueron publicados sobre el TDAH / TDA en Embase y Medline entre 1974 y 2012; de éstos, solamente 5.591 estudiaban el TDAH en adultos. En total, 237 publicaciones fueron consideradas clínicamente relevantes (Ramos-Quiroga, Montoya, Kutzelnigg, Deberdt, & Sobanski, 2013), cubriendo gran variedad de temas como el tratamiento del TDAH, su comorbilidad, y estudios de neuro-imagen. Son muy pocos, sin embargo, los trabajos relacionados con la población reclusa (Ginsberg, Hirvikoski, & Lindefors, 2010). En este sentido, através de la base de datos de PsycInfo la búsqueda bibliográfica realizada con la palabra clave ADHD agrupa 8983 referencias de artículos publicados hasta 2013 inclusive. La primera publicación que aparece es de 1988, dándose un crecimiento sostenido y posteriormente realzado a partir de 2005 -ofrece un porcentaje superior al 65% de la producción total, es decir, 5990 referencias de artículos. Al añadir a esta búsqueda la palabra clave para la población de nuestro estudio ('prisoners') tan solo se obtienen 21 artículos, publicados desde 2007 a 2012. Estos estudios ofrecen una prevalencia del trastorno en prisión que abarca un rango amplio, de un 10 hasta un 70% (Ghanizadeh, Mohammadi, Akhondzadeh, & Sanaei-Zadeh, 2011). Asimismo, se observa que la presencia del TDAH aparece frecuentemente asociado a otros trastornos, actuando como factor de riesgo para la conducta criminal y antisocial, además de predecir el futuro consumo de sustancias (Einat & Einat, 2008; Ghanizadeh et al., 2011; Rösler et al., 2004).
Dada esta realidad, establecer la prevalencia del TDAH en población penitenciaria cobra especial relevancia en el momento actual (Vegue-González, Álvaro-Brun, Santiago-Sáez, & Kanaan-Kanaan, 2011). Además, se puede constatar que, por un lado, es resaltable su comorbilidad con desordenes tales como dificultades de aprendizaje, depresión y ansiedad, trastorno oposicionista desafiante, trastorno de ansiedad y trastornos del humor (Brown et al., 2001; Schatz & Rostain, 2006; Spencer et al., 2006); y por otro lado, esta realidad se conforma con una mayor presencia de desórdenes mentales en población penitenciaria que en población general (Fazel & Seewald, 2012; Ghanizadeh, Nouri, & Nabr, 2012; Martin et al., 2013).
Asimismo, estos resultados confirman una presencia del TDAH en prisión más elevada que en población general (Einat & Einat, 2008; Ghanizadeh et al., 2011; Rösler et al., 2004), destacando en la población reclusa con TDAH un control de impulsos bajo y un riesgo de reincidencia elevado entre los internos (Eme, 2008), la cual se incrementa hasta cinco veces más si el preso ha cumplido condena en más de una ocasión (Vicens-Pons & Grupo PRECA, 2009). En esta línea, el estudio de Sanz-García et al. (2010), realizado con internos en tratamiento psiquiátrico en el medio penitenciario, refiere que aquellos con TDAH delinquen a más temprana edad, con una media de comisión del primer delito a los 22 años frente a los 29 años del resto de reclusos con otras patologías psiquiátricas. Estos también cometen mayor número de delitos, con una media de 7.8 delitos frente a los 3.9 del resto de pacientes, y presentan mayor tasa de consumo de drogas, desde edades más tempranas y en cantidades más elevadas.
La importancia referida al TDAH tanto como trastorno como por su impacto en la vida adulta, al menos por su prevalencia en prisión, haría suponer que se cuenta al menos con instrumentos de medida propios o adaptados a este ámbito. De nuevo el análisis bibliométrico utilizando como palabras clave 'ADHD', 'prisoners' y 'assessment', constata una realidad contundente: solamente dos artículos en revistas científicas (2011 y 2013) tratan este tema, mientras que cuando la búsqueda se cambia a 'assessment' por 'diagnostics' aglutina únicamente 5 artículos en revistas científicas desde 2005. El análisis constata un bajo nivel de interés en la evaluación de este trastorno en población reclusa, así como la ausencia de escalas específicas para la evaluación del TDAH en este entorno, si bien se tiende a adaptar aquellas utilizadas para evaluar el trastorno en adultos (Rösler et al., 2006). En este sentido, y centrado en el análisis de la prevalencia, destacan los trabajos realizados por Einarsson, Sigurdsson, Gudjonsson, Newton, y Bragason (2009) y Vegue-González et al. (2011) empleando la Wender Utah Rating Scale (WURS; Ward, Wender, & Reimherr, 1993), así como los estudios llevados a cabo por Stokkeland, Fasmer, Waage, y Hansen (2014) o Usher, Stewart, y Wilton (2013) con la Adult ADHD Self-Report Scale (ASRS; Kessler et al., 2005).
En estos estudios se obtuvieron rangos de prevalencia para el TDAH en población reclusa que van desde 16 a 40%. Señalando, además, que el TDAH se relaciona con inestabilidad laboral y altas tasas de reincidencia, con dificultades del aprendizaje durante la infancia y trastornos mentales durante la adolescencia y edad adulta, como trastorno de conducta antisocial, personalidad límite y abuso de sustancias entre otras.
Desde esta realidad, se hace necesario por tanto ampliar el estudio de la prevalencia del TDAH, pero también de sus consecuencias en población reclusa. Dentro de un marco de estudio más amplio, los objetivos del estudio son estimar la prevalencia con cribado positivo del TDAH en población penitenciaria, y estudiar las características sociodemográficas relevantes asociadas a este trastorno, comparando y correlacionando dos escalas de identificación del TDAH ampliamente utilizadas en el ámbito clínico y validadas en adultos, concretamente la WURS (Ward et al., 1993) y ASRS (Kessler et al., 2005), anteriormente mencionadas.

Método
Participantes
El estudio se ha realizado con un total de 143 internos penitenciarios, que accedieron a participar en el estudio sobre TDAH y contestaron íntegramente todos los cuestionarios utilizados para establecer la prevalencia. Sus edades estaban comprendidas en un rango de edad entre los 18 y los 69 años, (Mdn = 36). El grupo de internos penitenciarios estuvo conformado por 133 hombres (Mdn = 35 años) y 10 mujeres con un rango de edad menor entre 41 y 59 años (Mdn = 41), ofreciendo diferencias estadísticamente significativas en el género entre hombres y mujeres, c2 (1)= 107.931, p = .001, así como para la variable edad, t (158) =45.532, p = .001.
Instrumentos
Adult ADHD Self-Report Scale (ASRS). Se trata de un cuestionario diseñado para el cribado del TDAH en adultos (Kessler et al., 2005), utilizado en diferentes estudios internacionales con muestras variadas, incluso con internos penitenciarios (Usher et al., 2013). Consta de 6 ítems: cuatro evalúan síntomas de inatención y los dos restantes síntomas de hiperactividad. Cada ítem tiene cinco opciones de respuesta según la presencia del síntoma en los últimos seis meses, desde 0 = 'nunca' hasta 4 = 'muy a menudo'. La puntuación total tiene un rango de 0 a 24 puntos. La versión española de este test ha sido validada en pacientes ambulatorios de un servicio de psiquiatría. Los autores de la validación recomiendan un punto de corte de 12 puntos, en el que las propiedades psicométricas frente al diagnóstico clínico estandarizado (DSM-IV)- fueron: una sensibilidad del 96.7% y una especificidad del 91.1%; un valor predictivo positivo del 91.6%, y negativo del 96.5%; un índice kappa de .78 y área bajo la curva de .94 (odds ratio = 297.3), con un intervalo de confianza del 95% = 76.2-1.159 (Ramos-Quiroga et al., 2009). El coeficiente alfa de Cronbach obtenido en este estudio fue de .72.
Wender Utah Rating Scale (WURS). Es un cuestionario retrospectivo que consta de 61 ítems que evalúan la frecuencia con que se presentaban ciertos síntomas del TDAH en la infancia (Ward et al., 1993). Es una escala tipo Likert con 5 alternativas de respuesta, de 0 = "nada o ligeramente" a 4 = "mucho". En el presente estudio se utilizó la subescala ADHD-WURS (25 items), que proporciona una puntuación que varía entre 0 y 100. El coeficiente alfa de Cronbach de la validación en castellano fue de .94 (Rodríguez-Jiménez et al., 2001).
Trabajos previos llevados a cabo con población universitaria han revelado una buena consistencia interna y fiabilidad test-retest al cabo de un mes de las dos formas de WURS (Rossini & O'Connor, 1995). Así mismo, análisis factoriales llevados a cabo en otro estudio han revelado que la escala de 25 ítems se ajusta a un modelo de tres factores (atención, hiperactividad y impulsividad), explicando el 59.4 % de la varianza (McCann, Schelle, Ward, & Roy-Byme, 2000), y clasificando correctamente el 64.5% de los pacientes que solicitaron una evaluación para el TDAH.
Los autores señalaron que la especificidad de la escala era baja y un diagnóstico de TDAH con sólo la escala WURS podría ser engañoso debido a su carácter retrospectivo, y que esta escala evalúa los síntomas de la infancia desde el punto de vista de una persona adulta. La escala WURS es una de las más usadas para el diagnóstico de TDAH en adultos, siendo traducida y adaptada al francés (Bayle, Krebs, Martin, Bouvard, & Wender, 2003), italiano (Fossati et al., 2001), español (Rodríguez-Jiménez et al., 2001) y alemán (Retz-Junginger et al., 2003). Además se han realizado estudios de validación con diferentes tipos de muestras. Este es el caso del estudio llevado a cabo por Rodríguez-Jiménez et al. (2001), con una muestra española de pacientes en tratamiento por problemas de adicción, y Öncü, Ölmez, y Şentürk (2005) con una muestra clínica de TDAH, depresión y trastorno bipolar. En ambos estudios se obtuvo una elevada fiabilidad en la escala (con un Alfa de Cronbach en torno a .94).
En el caso de la presente muestra, se realizó un análisis factorial exploratorio para la prueba WURS, empleando el método de componentes principales y la rotación Varimax. Los resultados indicaron la presencia de 4 factores principales (impulsividad, problemas emocionales, déficit de atención, y un factor mixto), que explicaron el 59% de la varianza. Este último factor estuvo formado por únicamente tres ítems, con pesos factoriales relativamente bajos (en torno a .40). El coeficiente de fiabilidad alfa de Cronbach obtenido en este estudio fue de .95.
Procedimiento
El estudio se desarrolló de acuerdo al código ético de la Declaración de Helsinki y de la World Medical Association (Williams 2008), que refleja los principios éticos de la investigación realizada con humanos, contando con la aprobación del comité de ética de la Universidad. Todos los internos penitenciarios participaron en el estudio de manera voluntaria y anónima.
Previamente al contacto con los presos y a la aplicación de las pruebas relacionadas con el TDAH, se realizó la recogida de información disponible a través de los expedientes facilitados por la institución, de acuerdo con la Ficha de Historia Penitenciaria (Estrada, Rodríguez, & Solano, 2012). Esta información fue empleada para establecer las características contextuales básicas de los individuos que han participado en el estudio, en tanto responde a las principales variables criminógenas de los internados en Centros Penitenciarios: Estado Civil, identifica el estado actual de convivencia de la pareja (casado, soltero o unión libre); Escolaridad y Actividad Laboral, se refiere al nivel de estudios (analfabeta, lee y escribe, estudios primarios, secundaria, bachillerato, universitarios y otros); Actividad laboral, tanto en la actualidad -actividad en la economía formal e informal- como en el desarrollo de su historia penitenciaria. Durante este estudio se utilizaron los datos relativos a la edad, sexo, estado civil, clase social percibida, situación laboral y escolaridad.
Análisis de Datos
El programa SPSS v.19 (Arbuckle, 2010) fue usado para llevar a cabo los análisis estadísticos correspondientes. El nivel de significación estadística se estableció en un valor de p< .05.
En primer lugar se comprobaron los principios de normalidad y distribución de las variables continuas. Se siguió para ello el criterio propuesto por Finney y DiStefano (2006), según el cual ±2 y ±7 son los valores máximos aceptables en asimetría y curtosis para llevar a cabo análisis paramétricos. Además se comprobó la homocedasticidad de las puntuaciones y así determinar la homogeneidad de la varianza-covarianza con la prueba de M de Bartlett-Box.
Previamente se realizó un análisis factorial exploratorio en la escala WURS (25 items) para comprobar su estructura en una muestra específica de carcelarios.
Seguidamente, se analizó la correlación entre las puntuaciones directas en las escalas WURS y ASRS, así como la capacidad predictiva la primera (de carácter retrospectivo) sobre la segunda (diagnóstico del TDAH en edad adulta). Para cumplir con este último objetivo se realizó un análisis de regresión lineal.
Según los resultados globales de la ASRS y del WURS se determinó la prevalencia 'aparente' de TDAH con cribado positivo (número de individuos con ASRS+ o WURS+ dividido entre el número total de individuos de la muestra). A partir de estos resultados, y considerando los valores conocidos de sensibilidad y especificidad de la prueba, se estimó la prevalencia 'real', utilizando la siguiente fórmula (Aragonès, Cañisá, Caballero, & Piñol-Moreso, 2013):
p = (t + β - 1)/(α + β - 1)

Donde p es prevalencia 'real', t es la prevalencia 'aparente', β es la especificidad y α es la sensibilidad. Para calcular este parámetro y su intervalo de confianza, se usó el programa EpiTools Epidemiological Calculators (Sergeant, 2013). Con objeto de determinar las características asociadas a los pacientes con cribado positivo para el TDAH, se formaron dos grupos de individuos según el resultado de la ASRS (cribado positivo con ≥ 12 puntos y cribado negativo con < 12 puntos), y del WURS (resultado positivo con ≥ 46 puntos y cribado negativo con < 46 puntos) y se compararon sus características utilizando ANOVA para variables continuas y el test de χ2 -o el test exacto de Fisher- para las variables categóricas. El estadístico Z se empleó para analizar las diferencias en porcentajes.

Resultados
La Tabla 1 muestra los estadísticos descriptivos para las puntuaciones directas en las escalas WURS y ASRS, cuyos valores de asimetría y curtosis se encuentran dentro de los límites de normalidad aceptados para llevar a cabo análisis paramétricos según MLG. Asimismo, para determinar la homogeneidad de la varianza-covarianza (también llamado homocedasticidad) se realizó la prueba de M de Bartlett-Box obteniéndose resultados significativos, M de Box = 5.544; F (1) = 5.498, p =.019.

En segundo lugar, cabe señalar la presencia de una alta y estadísticamente significativa correlación (r Pearson = .433; p<.001) entre las dos escalas empleadas en el diagnóstico del TDAH, existiendo una capacidad predictiva significativa de la escala WURS (de carácter retrospectivo) en los síntomas del TDAH en la infancia sobre la escala ASRS, empleada para el diagnóstico en adultos, F (1, 141) = 32.073, p <.001. La puntuación en la primera escala explica más del 18 por ciento de la varianza en la escala ASRS (R 2 = .186). Los Coeficientes no estandarizados Beta (β k ) fueron de 6.086 (Error típico = .668, t = 9.110, p< .001) para la Constante y .097 (Error típico = .017, t = 5.663, p< .001) para la escala WURS.
Tabla 1 Estadísticos Descriptivos de las Variables Continuas (puntuaciones directas en las escalas WURS y ASRS)
Proporción de Cribados Positivos y Estimación de la Prevalencia según ASRS
Un total de 46 de los 143 reclusos obtuvieron una puntuación ≥ 12 puntos en la ASRS, lo que representa una proporción del 32.2% (IC 95% = +/-11.16%). A partir de este resultado, y considerando los datos de sensibilidad y especificidad de la ASRS, la estimación de la prevalencia 'real' fue del 26.5% (IC 95% = +/-10.54%). El valor predictivo de un resultado positivo fue del 79.7%, y el valor predictivo negativo, del 98.7% (fiabilidad = 93.0%; J de Youden = 87.8%). En las Tablas 1 y 2 se muestran las características sociodemográficas de los participantes según la prevalencia de TDAH en la escala ASRS. Destacan como diferencias estadísticamente significativas las diferencias en porcentajes en el número de divorciados (ASRS+=13.04 frente a ASRS-=6.18%), y en la situación laboral en cuando al porcentaje de desempleados (ASRS+=50 frente a ASRS-=35.05%), que se revierte para el porcentaje de carcelarios con empleo (ASRS+=23.91 frente a ASRS-=39.17%). En el apartado de escolaridad es donde las diferencias son más nítidas; en cuanto a la proporción de internos con estudios primarios las diferencias son significativas (ASRS+=21.73 frente a ASRS-=35.05%). Obteniendo un mayor efecto estadístico (p≤.001), el porcentaje de los que no acabaron secundaria (ASRS+=36.95 frente a ASRS-= 16.49%). Además ninguno de los reclusos con ASRS+ accedió a estudios universitarios. Para la variable edad, el grupo con ASRS+ presentaba una media de 32.51 (SD=9.56), y el grupo ASRS- de 37.08 (SD=10,81) [F (1, 141) = 4.890, p = .029, η2 p= .043].

Tabla 2 Características de los Carcelarios por Sexo y Nivel de Estudios según el Resultado de la ASRS
Proporción de Cribados Positivos y Estimación de la Prevalencia según WURS
En el caso de la escala Wender Utah Rating Scale (WURS), de los 143 reclusos evaluados, un total de 43 obtuvieron una puntuación ≥ 46 puntos (criterio más restrictivo), lo que representa una proporción del 30.1% (IC 95% = +/-11.51%; ver Tablas 3 y 4). A partir de este resultado, y considerando los datos de sensibilidad y especificidad del WURS, la estimación de la prevalencia 'real' fue del 25.4% (IC 95% = +/-10.92%). El valor predictivo de un resultado positivo fue del 77.2%, y el valor predictivo negativo del 96.9% (fiabilidad = 90.9%; J de Youden = 82.3%). Para la variable edad, el grupo con WURS+ presentaba una media de 31.60 (SD= 8.76), y el grupo WURS- de 37.00 (SD = 10.76) [F(1, 141) = 6.738, p = .011, η2 p = .058].
Al igual que en la escala ASRS, en cuanto a las variables sociodemográficas, se encontraron diferencias estadísticamente significativas en el porcentaje de reclusos que no acabaron secundaria (WURS + = 30.23% frente a WURS - = 20%). En las Tablas 3 y 4 se muestran las características sociodemográficas de los participantes y sus porcentajes en función de la puntuación en la escala WURS.

                                                                                             

 


Discusión y Conclusiones
Los datos obtenidos responden al objetivo de estimar la prevalencia del TDAH en población penitenciaria, estudiando la relación de éste con características sociodemográficas relevantes asociadas, empleando dos escalas ampliamente utilizadas en población adulta (ASRS y WURS).
Los resultados refieren una prevalencia del trastorno de TDAH para la población en prisión elevada (en torno al 25%) y por encima de la estimada para la población en general, utilizando ambas escalas. De este modo, con una correlación alta y estadísticamente significativa entre las dos pruebas, uno de cada cuatro reclusos cumpliría los criterios del TDAH, que podría explicar y anticipar algunos de los aspectos relacionados con su conducta delictiva (Ramos-Quiroga et al., 2013). Estas cifras siguen la línea de los resultados encontrados en estudios previos empleando las mismas escalas, que situaban la prevalencia del trastorno entre el 16 y 40%. Concretamente, son coincidentes el trabajo de Usher et al. (2013), los cuales encontraron una prevalencia para el TDAH del 25.2% en una muestra de 497 hombres internados en un centro penitenciario canadiense. Sin embargo, estas cifras se encuentran ligeramente por debajo de las obtenidas en otros estudios previos empleando otros instrumentos de medida, que situaban la prevalencia del trastorno en torno al 40% o incluso del 45 al 70% (Rösler et al., 2004). Es necesario tener en cuenta que en el presente estudio la tasa de prevalencia se calculó en sentido estricto, teniendo en consideración los datos de sensibilidad y especificidad de cada prueba para minimizar las limitaciones derivadas del uso de auto-informes (Ghanizadeh et al., 2011).
Por otro lado, se debe considerar que las consecuencias a largo plazo del TDAH en población penitenciaria no han sido ampliamente estudiadas, lo cual impone ciertas limitaciones que hemos intentado reducir en ese estudio. En este sentido, se encuentran tasas de prevalencia del TDAH muy altas y dispares, dependiendo del estudio y del país. Así, por ejemplo, en Suecia y Alemania las tasas varían entre el 40 y el 45%, siendo en el sexo femenino del 10% (Ginsberg et al., 2010). En el presente estudio el número de mujeres que cumplían los criterios de TDAH en el ASRS fue de 3 de las 10 (30%) y 1 en el WURS (10%). Los resultados de estudios previos son, no obstante, inconsistentes y los resultados obtenidos dependen en gran medida de las características propias del TDAH, su complejidad y comorbilidad (Ramos-Quiroga et al., 2013). En Noruega, por ejemplo, se llevó a cabo un estudio longitudinal en niños con TDAH, observándose que el 27% de ellos fueron encarcelados de adultos. No obstante, se concluyó que los sujetos con TDAH en ausencia de Trastorno de Conducta en la infancia tienen el mismo riesgo que el resto de la población de cometer un delito en la edad adulta (Mordre, Groholt, Kjelsberg, Sandstad, & Myhre, 2011). Estos resultados muestran que la cuestión sobre la relación entre TDAH y criminalidad y sus causas no está resuelta y que es necesario profundizar en ello (Ramos-Quiroga et al., 2013).
En este contexto, la asociación entre TDAH y la comisión de delitos que llevan a prisión puede deberse a dos factores. La primera hipótesis es que el TDAH puede directamente causar los comportamientos infractores. La segunda puede estar relacionada con el frecuente solapamiento entre TDAH y los trastornos de conducta. Para entender este planteamiento es necesario el análisis de las variables sociodemográficas de este grupo de forma retrospectiva, ya que el TDAH en la edad adulta afecta a las actuaciones educativas y ocupacionales, así como el funcionamiento psicológico y social, con un mayor riesgo de desempleo, bajas por enfermedad, problemas de pareja, trastornos coexistentes, o conducta antisocial entre otros (Ginsberg et al., 2010). En este estudio se ha comprobado que, en la población reclusa, el TDAH puede explicar diferencias en cuanto a Estado Civil, Clase Social percibida, Situación laboral, y Escolaridad. Los resultados obtenidos en el presente estudio evidencian la existencia de diferencias significativas entre los sujetos que cumplen los criterios para el TDAH y los que no, y con ciertas diferencias entre las dos pruebas utilizadas. Así por ejemplo, el alto porcentaje de divorciados que cumplen los criterios del TDAH en el ASRS es el doble que los que no lo cumplen. Aunque no significativa, también cabe destacar que la proporción de reclusos casados que no cumplen los criterios frente a los reclusos con TDAH es más del doble.
En cuanto a la clase social percibida, no existen diferencias significativas y mayoritariamente ambos grupos se consideran de clase social media. Sin embargo, las diferencias más importantes se encuentran en torno a la situación laboral y la escolaridad de la población reclusa. Respecto a la primera, los resultados en el ASRS aportaron diferencias estadísticamente significativas en torno a dos variables complementarias. Mientras que un alto porcentaje (casi la mitad) de los reclusos que cumplen los criterios TDAH están desempleados, el porcentaje de los que tienen empleo es significativamente inferior. Está relación se invierte en el caso de los reclusos que no los cumplen, situándose la tasa de empleados en un porcentaje más alto que el de desempleados. Los resultados evidencian el riesgo de presentar dificultades laborales en adultos con TDAH, que son agravadas por la situación de encarcelamiento.
Respecto a la escolaridad, existen diversos estudios que relacionan las Dificultades de Aprendizaje con el TDAH (Mayes, Calhoun, & Crowell, 2000). Los problemas educativos y escolares de los niños y adolescentes con TDAH son evidentes y ampliamente trabajados. Estas ideas se evidencian en este estudio cuando se analiza la escolaridad. Concretamente, de los reclusos que cumplen los criterios TDAH en el ASRS, un porcentaje pequeño tienen estudios primarios, siendo en todo caso inferior a los que no los cumplen. De forma significativa, y reflejado tanto en el ASRS como en el WURS, el abandono escolar se ve reflejado en secundaria, con un porcentaje muy alto, y estadísticamente mayor, de los reclusos que cumplen los criterios de TDAH abandonando la escolaridad en esta etapa. Finalmente, ninguno de los reclusos que cumplen los criterios TDAH pudo concluir algún estudio universitario, aunque varios que no los cumplen si obtuvieron una titulación superior.
En definitiva, aunque las consecuencias a largo plazo de presentar TDAH en la infancia no están estudiadas en profundidad, claramente se observan las consecuencias del trastorno en la edad adulta. Parece probado además, que sufrir este trastorno en la infancia, y debido presumiblemente a las dificultades en el control de impulsivos, aumenta la tasa de participación en actividades delictivas, el abuso de sustancias (Fletcher & Wolfe, 2009), así como de problemas en las relaciones de pareja y la empleabilidad. Por lo tanto, se puede esperar que implementar intervenciones eficaces para tratar el TDAH en la infancia contribuya a disminuir el riesgo de sufrir problemas futuros en este sentido, lo que representa un desafío por sí mismo en el estudio del TDAH.

Aun considerando las posibles limitaciones en la metodología utilizada, estos resultados abogan a cerca de la utilidad del propósito y estudio de la prevalencia con cribado positivo del TDAH en población penitenciaria. Estas limitaciones, en primer lugar, se refieren a los instrumentos utilizados para identificar los casos posibles de TDAH, si bien han sido aplicados en el contexto penitenciario, estos estudios han sido realizados en poblaciones diferentes a la española (Stokkeland et al., 2014). Dados los resultados obtenidos en el presente estudio, se asume no obstante, que su calibración es aplicable a nuestros internos penitenciarios. En segundo lugar, una dificultad asociada a la muestra obtenida es la diferente proporción de hombres - mujeres, que si bien representa la realidad de nuestro medio penitenciario -representada por 9 a 1-, debe ser tenida en cuenta para la interpretación de los resultados obtenidos con este colectivo (Rösler, Retz, Yaqoobi, Burg, & Retz-Junginger, 2009).
En definitiva, los resultados obtenidos en este estudio indicarían la necesidad de estudiar las consecuencias a largo plazo de este trastorno en el contexto penitenciario, con el objeto de mejorar el manejo terapéutico de esta población. A su vez, se ofrece la oportunidad de responder a la necesidad de adaptar instrumentos de evaluación aplicables a diferentes ámbitos y poblaciones, en este caso al contexto penitenciario. En el caso de la presente estudio, el análisis factorial exploratorio, confirma resultados anteriores con algunas diferencias en uno de los factores, lo que plantea la cuestión acerca de su pertinencia en futuras versiones de la escala. No obstante, aunque los resultados de este estudio parecen consistentes, la ausencia de una validación exhaustiva de los instrumentos utilizados en poblaciones con reclusos sugiere extraer conclusiones con cierta cautela. Si bien los datos aportados por los análisis factoriales y de fiabilidad en base a la muestra del presente estudio invitan a ser optimistas respecto de las propiedades psicométricas de estas escalas con este tipo de poblaciones. Investigaciones futuras deberían abundar en su estudio.

Referencias
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miércoles, 21 de febrero de 2018

FAMILIAS Y TDAH



Detrás de cada niño diagnosticado, hay unos padres desbordados que se sienten impotentes, que también necesitan ayuda terapéutica y muchas veces no son suficientemente escuchados. No es sólo el niño el que tiene un problema, es una familia que se encuentra en una dinámica que les va sobrepasando y en la que se sienten perdidos. La ayuda psicoterapéutica es conveniente en muchos casos para que esa familia pueda encontrar y confiar en sus propios recursos para salir adelante, asumiendo cada uno su responsabilidad.
Resultado de imagen de tdah y familiaLas familias con hijos diagnosticados de Trastorno por déficit de atención (TDA) o Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) viven una situación de desgaste muy acusada. Están preocupados por las dificultades que se encuentran en la vida cotidiana con sus hijos y también por cómo proyectan la imagen de sus hijos en el futuro.
Pongámonos en la piel del niño. Es un niño que se despista con facilidad, que le cuesta seguir el hilo de las lecciones que escucha. Tiene dificultades para estructurar la información, organizarse la tarea y planificarse en el tiempo. Se le pierden sus cosas continuamente, aquello de lo que se tiene que acordar todos los días. Es consciente de que está “en las nubes” pero, muchas veces, ni siquiera puede expresar en qué nubes está. Busca satisfacer sus necesidades en el aquí y el ahora. Nos lo explica María Chamorro Ortiz, psicóloga de Grupo Doctor Oliveros
Se frustra con mucha facilidad, muestra dificultades evidentes para sostener la espera y tolerar esa frustración. Reacciona emocionalmente con rabietas, con gritos y, en algunas ocasiones, pegando a los padres.
Pongámonos en la piel de los padres. Los padres se sienten sobrepasados, sus hijos no les hacen caso, repiten muchas veces las rutinas de todos los días (“coge el abrigo, acuérdate de llevar la agenda”). Sus hijos tienen un rendimiento académico más bajo del esperado, no por falta de capacidad intelectual, sino porque olvidan que tienen un examen o no les da tiempo a estudiar ya que no tienen bien consolidado el registro del tiempo. En muchas ocasiones los padres ejercen de profesores particulares, lo cual no les corresponde. Esto supone un desgaste muy fuerte en su rol de padres y la vivencia de impotencia para sacar adelante la educación de sus hijos (“ya lo hemos probado todo”).
Ante esta situación, los padres acuden al especialista, al psicólogo, al neurólogo o al psiquiatra, muchas veces alertados desde el colegio, cuando la conducta del niño empieza a condicionar su rendimiento académico y sus relaciones sociales. Algunos padres expresan el “alivio” que supone que un especialista haya puesto nombre a lo que le pasa a su hijo. En la psicopatología infantil el diagnóstico de TDA y TDAH es, desde hace años, el más prevalente. Es importante tener en cuenta que hay muchos diagnósticos de TDA o TDAH pero detrás de cada diagnóstico, hay un niño que sufre, que tiene sus propios rasgos de carácter, su biografía y su contexto familiar y social. Cada déficit de atención es particular y único. Muchas veces los niños atraviesan situaciones difíciles: duelos, separación de los padres, dificultades en las relaciones interpersonales, dificultades en el aprendizaje... Todas estas situaciones pueden dar lugar a una sintomatología compatible con el diagnostico TDA o TDAH, pero la ayuda a cada una de estas situaciones es singular. Los cambios profundos y a largo plazo van a venir desde la ayuda del contexto y desde la ayuda psicoterapéutica.
Los niños diagnosticados con TDA o TDAH necesitan contención. Esto significa contención de una atención que se les dispara o de una hiperactividad que les desborda. Esa contención se construye desde la labor de unos padres con autoridad (no autoritarios) y cercanos, que empatizan con las dificultades de sus hijos y que, al mismo tiempo, pueden poner unos límites claros y firmes que el niño va interiorizando como referencias que le ayudan a construir su identidad, su seguridad y su capacidad.
La atención se sostiene desde las necesidades y los deseos. Muchos padres expresan que sus hijos no prestan atención en el colegio pero haciendo otras tareas se concentran perfectamente (son tareas conectadas con sus deseos). Es fundamental, entonces, encontrar esos juegos o tareas con los que los niños se conectan (aunque sean diferentes a los intereses de sus padres o sus profesores). En el desarrollo de esos juegos van a ir entrenando los procesos atencionales que les ayudan con el aprendizaje y, además, van a ir consolidando una habilidad que les permite sentirse hábiles, capaces.

¿Qué les pasa a las familias que tienen un hijo diagnosticado de TDA?

En la convivencia familiar vemos que se repiten ciertos patrones de relación frente a los cuales los adultos, como padres y responsables de la crianza de esos hijos, tienen que prestar especial atención. Los padres tienden a anticiparse a las necesidades y las obligaciones de los niños.
Imaginemos una escena cotidiana: antes de que el niño coja la cartera para ir al colegio ya le están preguntando los padres si lleva todos los libros o están revisando la mochila porque “saben” que algo se les va a olvidar. Esta escena, como metáfora de otras tantas que se repiten en las familias, va determinando un patrón de relación de dependencia y de sobreprotección que les costará a esos niños, cuando sean jóvenes y adultos, una vivencia interna de inseguridad y de falta de confianza en sí mismos. Los padres piensan que no pueden salir de esa dinámica, que si ellos no hacen las cosas, entonces su hijo tampoco las va a hacer. Por eso los padres necesitan ayuda, para empezar a ver que sí pueden hacer algo para salir de esa dinámica en la que se encuentran atrapados.
Para que un niño crezca sano y autónomo es importantísimo que sus padres le puedan transmitir que confían en él. La identidad del niño se va forjando en función de la mirada de su entorno (fundamentalmente de las figuras parentales). El niño se empieza a ver a sí mismo con los ojos con los que le han mirado. Para estos niños, su autoconcepto se va construyendo sobre una imagen de sí mismos en la que se ven perdidos e incapaces: son los otros los que saben resolver sus cosas y no ellos. Por lo tanto, son los otros los que asumen las responsabilidades y no ellos.
Toda esta dinámica que estamos describiendo va deteriorando la relación paterno-filial. Salir de esas rutinas y encontrar momentos de juego compartido con los niños permite encontrar un clima familiar de encuentro y de disfrute. Muchas veces los padres expresan que solamente se sienten policías y profesores de sus hijos. Los padres y madres que buscan esos momentos de juego refieren una relación mucho más cercana con sus hijos. Recordemos, además, que el juego es el lenguaje natural de los niños y es clave para el desarrollo de las funciones ejecutivas.
El papel de los padres es crucial en el desarrollo de sus hijos. El adulto no es un mero receptor de la impulsividad o los despistes de su hijo. Es fundamental, entonces, poder entender qué aspectos de los propios padres se ponen en juego en el vínculo con su hijo, qué hace el adulto que facilita o deteriora esa relación. No podemos cargar al niño como el enfermo y único responsable de los conflictos porque ese es un peso muy grande para el niño y ciega al adulto para poder pensar cuál es su lugar en la relación con su hijo. Vemos todos los días en la consulta que los padres sienten la relación con sus hijos tan desgastada que piensan que toda la solución está en los neurólogos, en los psicólogos y en la medicación, perdiendo la confianza en sus propios recursos.
Si miramos más allá de la familia y hacemos una lectura social de cómo viven las familias hoy en día, podemos observar que todos vivimos en una sociedad hiperactiva con una exigencia de productividad y de soluciones inmediatas a los conflictos. Los niños están cargados de tareas escolares y extraescolares, tienen que estar atentos a muchos asuntos sin concentrarse en ninguno. Es lo que Clifford Nass llama “fanáticos de lo irrelevante”. Esta sociedad y estas exigencias nos conciernen a todos y tienen consecuencias muy graves para el desarrollo de los niños. En este sentido, todos somos responsables de transmitir a los niños esa misma exigencia que supone entender su entorno como un lugar donde se buscan soluciones inmediatas. Los adultos estamos repitiendo el mismo patrón de comportamiento hiperactivo y de baja tolerancia a la frustración.
En este sentido, me parece importante estar atentos a que, bajo esta dinámica que estamos describiendo, les hacemos a los niños el flaco favor de que no puedan ir construyendo su capacidad de resiliencia. Esto es, la capacidad de ir superando las situaciones adversas o traumáticas, enfrentarse a las situaciones difíciles y poder salir fortalecido y no derrotado. Que puedan sentir que tienen recursos suficientes para enfrentar los conflictos, que no se desmoronan con el primer contratiempo y que superar los problemas conlleva un tiempo de adaptación y de elaboración. Pensar en soluciones inmediatas es pretender una solución mágica e infantil frente a la adversidad.
Los niños aprenden y repiten los modos de vivir y las formas de relacionarse que ven en su entorno. La reflexión, entonces, es pensar qué modelos de identificación les dejamos a nuestros hijos. No es sólo qué mundo dejamos a nuestros hijos sino qué hijos dejamos al mundo.


Publicado en la razon
María Chamorro Ortiz, psicóloga de Grupo Doctor Oliveros

viernes, 12 de enero de 2018

Pasé 28 años pensando que era un desastre, pero ahora sé que es por mi TDAH

Llego a un aeropuerto al límite de mis fuerzas, exhausta tras una semana de trabajo a tope y sueño mínimo, busco en las pantallas mi vuelo a Madrid y no lo encuentro. Reviso todas las opciones y sigo sin encontrarlo. Miro el billete y hasta pregunto en información. Es entonces cuando una señora inglesa me indica muy amablemente que estoy en el aeropuerto erróneo. He ido a Gatwick, y mi vuelo sale de Heathrow.
Esta no es más que otra de esas aventuras por las que mis amigos bromean con la posibilidad de venderle una serie sobre mi vida a Netflix. Como mi primer día en Londres, en que salí de casa –sin llaves– camino de una entrevista, tropecé y me caí. Me rompí el pantalón en dos sitios y perdí la tarjeta de crédito y el bono de transporte (y llegué con el pantalón roto dos horas tarde). O aquella vez que fui de Rotterdam a Valencia en 22 horas de trenes sin nada (ni siquiera móvil) porque perdí la mochila justo antes de subirme al vagón. Por no hablar de las 12 pantallas que tuvo mi iPhone 4, mi capacidad para llegar siempre tarde, olvidarme los cumpleaños o comprometerme a más cosas de las que soy humantemente capaz de hacer.
En resumen, que hasta hace bien poco yo asumía que soy lo que se dice un desastre, alguien torpe, una inepta para la vida cotidiana. Como si todo el mundo hubiera dado primero de vida y a mí me hubieran metido directamente en avanzado. Paradójicamente las cosas mas simples me cuestan el triple y las aparentemente difíciles me cuestan la mitad. Soy arquitecta, he trabajado en algunos de los mejores estudios del mundo, hago un doctorado, doy clase e investigo en la universidad, pero no me pidas que entienda la web de Hacienda o que gestione una cuenta de banco. La regulación de mi concentración está rota: o me hiperconcentro (en lo que me gusta) o no puedo ni pasar un minuto prestando atención a la misma cosa.
Suena muy divertido, porque, claro, cuando me conoces parezco una bomba, ¡tan divertida! ¡Un adorable desastre! Pero cuando vives con ello día tras día, año tras año... ya no lo es tanto. No me aguanto a mí misma y los problemas dejan de ser cómicos. He causado un malentendido tras otro con gente que me importa de verdad. He llegado a perder oportunidades (por no hablar de parejas, JAJA). También he gestionado mal mi tiempo y mi dinero. Ha habido momentos en los que mi inconsciencia ha puesto mi vida en riesgo real y, sobre todo, he tenido una ansiedad high level que ha terminado afectando mi salud. Y, al verme incapaz de cambiar, pese a mis constantes esfuerzos por hacerlo y por convertirme en una superwoman, me ha invadido una frustración y un menosprecio brutales hacia mí misma.
El diagnóstico
Hace algunos meses, en el culmen de unas de mis crisis (cuando me equivoqué de aeropuerto tras semanas olvidándome las llaves, las tarjetas y hasta el pin de la VISA), las cosas dieron un giro. Siguiendo las sugerencias de una psicóloga amiga mía, y también un poco por casualidad, encontré testimonios de personas que sufrían lo mismo que yo. Entonces, descubrí que lo que me pasaba tenía nombre.
Una semana más tarde ya me habían diagnosticado mi TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Mi psiquiatra no había tenido en su vida profesional un caso tan claro como el mío. Vamos, que si buscas este trastorno en cualquier manual, aparece mi foto corriendo por los pasillos. Es cierto que ya me habían dicho que parecía hiperactiva. Pero, ¿por suerte? para mí, nadie había reparado mucho en ello porque profesionalmente compensaba mi TDAH con una alta capacidad. Sin embargo, en la vida personal, ah, era otra historia.
Con el diagnóstico en la mano, eché la vista atrás y, de repente, encajaron muchas piezas: que hablase por los codos (saltando de un tema a otro sin parar); que les dijeran a mis padres que, en lugar de una hija, parecía que tenían dos (o cinco); que me obligaran a descansar cuando veían que estaba a punto de entrar en shock mental después de un esfuerzo ininterrumpido. Hasta entonces, nunca había atado cabos. Pero gracias al diagnóstico supe que todo venía de una misma raíz.
Tener TDAH no significa solo que no pueda estarme quieta (aprendes a disimularlo, con más o menos éxito), sino también que tenga la sensación perenne de que algo dentro de mí está encendido, de que me esté cayendo por una montaña rusa sin final. Incluso cuando te propones firmemente parar, ya no puedes. Ponerle nombre ha sido el final de mi búsqueda por entender qué me pasaba y por qué vivir se me hacía tan difícil, y el principio de mi batalla por solucionarlo. Aunque, hablando con propiedad, no es algo que tenga solución: yo seré así siempre.
Resultado de imagen de AEROPUERTO DE GRANADA
AREOPUERTO DE GRANADA
Podríamos decir que mi cerebro tiene algunos problemas estructurales -nunca mejor dicho si tenemos en cuenta que soy arquitecta– y que, en síntesis, mis funciones ejecutivas están averiadas. Esto me provoca (citando a Wikipedia): inatención, hiperactividad y comportamiento impulsivo. El TDAH afecta aproximadamente a un 5% de los niños; y más del 50% de ellos seguirá teniéndolo de adulto. Sin embargo, no es habitual hablar de ello. Parece que es preferible decir que eres un desastre a decir que no te funciona bien el cerebro. Pero como el dragón pierde la fuerza cuando se le nombra, yo he optado por lo contrario, y creo que explicarlo servirá para que otra gente no tarde tanto en entenderse como yo. Y no soy la única que ha apostado por contarlo. Hay personas mucho más extraordinarias que ya lo han hecho, como la gimnasta estadounidense Simone Biles, el nadador Michael Phelps, el cocinero Jamie Oliver o el psiquiatra Rojas Marcos.
El TDAH –que es en su mayoría genético- presenta síntomas muy distintos en hombres y mujeres. Y en nosotras es mucho más difícil de diagnosticar porque se manifiesta de una forma más interna y menos perceptible (de hecho, hace muy poco en el contexto del Mes Europeo de Concienciación sobre el TDAH se ha emitido un manifiesto sobre los problemas específicos en mujeres y niñas). Y es que, aunque por lo general no sea un trastorno grave, te pone las cosas más difíciles y hay que mantenerlo vigilado, ya que tiene un alto grado de comorbilidad psiquiátrica (que es fácil que se asocie con otras cosas) y puede acabar desencadenando problemas más importantes. Además de ansiedad (lo que yo siempre he tenido), depresión o TOC, los TDAH somos mucho más propensos a tener accidentes de tráfico, fracasar en nuestras relaciones sentimentales o convertirnos en adictos y dependientes (hasta dos y tres veces más; yo he tenido dependencia emocional nivel experto en algunos momentos de mi vida). Pero, sobre todo, el TDAH nos complica ser, sencillamente, felices. Y aún sigo encontrándome gente que me dice: "Yo también soy bastante despistado". Cuando la diferencia es que ese desasosiego es mi estado permanente, no una cosa momentánea.
Pero también hay buenas noticias: el TDAH se puede tratar de muchas maneras (muchísimas más de las que conoceré yo, seguro) y hay mucho margen mejora (os lo prometo yo que lo vivo en primera persona). En mi caso, la medicación (que, curiosamente, solo es efectiva si tu cerebro es así, ya que en una persona normal tiene el efecto contrario) me ha proporcionado paz interior y la posibilidad, por fin, a mis 28 años, de controlar mis impulsos sin que me cueste un horror (y no ser una supernova en explosión continua). Ahora también he logrado escuchar todas las palabras -y no solo una de cada diez- cuando la gente me habla (no sabéis qué alivio siente ahora mi madre).
AREOPUERTO DE MADRID
La terapia –en la que me estoy iniciando- te enseña a gestionarte, administrarte, entenderte y también a mejorar las cosas que tanto me frustraban, sobre todo al haber descubierto que no eran mi culpa. También estoy aprendiendo a ver algunas cosas buenas en este peculiar funcionamiento de mi córtex cerebral: tengo energía infinita, una capacidad insospechada para emocionarme con casi todo (especialmente con mi profesión), es imposible aburrirse conmigo (si no te agoto antes) y soy una fuente infinita de sueños y, sobre todo, de ideas.
Siempre procuro tomármelo con humor, pero no nos engañemos: lo que me ocurre sigue siendo un palazo que me golpea muchas veces. En estas circunstancias, no hay nada tan importante como el amor que me rodea. Tengo una suerte increíble por haber contado con una familia y con unos amigos que me han ayudado (y aguantado) siempre hasta el infinito. En mi caso necesito controles externos, tanto materiales (rutinas, horarios...) como personales (buenos amigos, profesores, compañeros...). Son estructuras firmes en las que apoyarnos para mantener a raya el desorden y el barullo en nuestro interior. Gracias a eso me muevo por el mundo y así no acabo siempre en el aeropuerto equivocado...
Tampoco me olvido de la gente que no ha contado con los mismos apoyos que yo. El pronóstico de una persona con TDAH, al final, no solo depende de un diagnóstico precoz, sino también de la personalidad, las mochilas que carga cada cual, el entorno en el que crecemos, las oportunidades a nuestro alcance y la suerte que hayamos tenido en la vida.
Tener apoyos firmes ha permitido que mi TDAH no lo ocupe todo en mi vida, ni sea lo más importante, tampoco lo que más me preocupa. Es solo una parte –pequeña, pero intensa- de mí. Sin embargo, detectarlo ha sido vital para ponerlo en su lugar y delimitar su efecto. Por ahora, la satisfacción que siento por haber dejado de preguntarme qué está mal en mí y por haber dejado de sentir incomprensión no tiene precio. Al fin tengo la sensación de haber encontrado un camino para sentirme bien conmigo misma.
Pero, para seros sincera, lo que aún no he encontrado es alguna manera de evitar romperme más pantalones al tropezarme por tener la cabeza en las nubes ni algún recordatorio universal que me sirva para no olvidarme las cosas. Creo que es por eso que he dejado de intentar ser superwoman; la verdad, no sé dónde he dejado la capa.

publicado en el periodico el pais 
 https://verne.elpais.com/verne/2017/11/28/articulo/1511866352_407799.html

jueves, 11 de enero de 2018

Trastorno de Déficit de Atención Sin Hiperactividad en Adultos



El trastorno de déficit de atención e hiperactividad (ADHD por sus siglas en inglés) es un trastorno que se  caracteriza por problemas de atención, impulsividad y/o hiperactividad. Los adultos que tienen problemas serios con la intención, pero no tienen ningún o pocos síntomas de hiperactividad, se dice que tienen predominantemente un subtipo inatento
Sabemos  que las funciones ejecutivas del cerebro – como la memoria de trabajo la memoria  a corto plazo verbal y no verbal, la autorregulación y la motivación, el planeamiento -- se ven disminuidas en estos pacientes  así mismo presenta problemas en la regulación de  sus emociones. Y en la capacidad de  organizar y priorizar tareas o trabajos. ( pueden ser ordenados pero no consiguen ser organizados).
Para el l diagnóstico manual médicos ( DSM- V) y CIE 1O TENEMOS  nueve síntomas asociados con los problemas de inatención ,  y nueve síntomas de impulsividad hiperactividad, estos pacientes cumple los criterios de falta de atención , es decir al menos cinco de los nueve criterios de atención y no los criterios de hiperactividad impulsividad , esta falta de atención le repercuta a los largo de su vida en  en varios ambientes, familiares amigos, académica o laboral.
 En la clínica nos podemos encontrar:
·         A menudo tiene dificultades manteniendo la atención en el trabajo o al jugar
·         Frecuentemente no presta la suficiente atención a los detalles o hace errores por descuido en el trabajo, el colegio u otras tareas
·         A menudo tiene problemas organizando tareas o actividades
·          Se distrae con facilidad con estímulos externos
·          Frecuentemente no termina las cosas cuando se le dan instrucciones o no completa el trabajo o tarea escolar, tareas de casa u otras actividades, incluso cuando entiende lo que se espera de él o ella.
·          A menudo se vuelve olvidadizo cuando hace tareas rutinarias
·          Frecuentemente pospone o evita las tareas que requieren una atención continua.
·          A menudo pierde los materiales que se necesitan para completar las tareas y actividades
·            Parece no escuchar incluso cuando le hablas directamente
·         Los adultos que tienen serios problemas o problemas crónicos debido a que padecen de 6 o más de estos síntomas y no tienen síntomas de hiperactividad o impulsividad pueden tener AD/HD sin la hiperactividad.
·         Se puede asociar otras condiciones psicológicas, como la depresión o la ansiedad

¿Qué causa AD/HD sin hiperactividad en adultos?

Este trastorno tiene una  base genética y neurobiológica para el trastorno de déficit de atención.  Es un trastorno del neurodesarrollo estando presenta desde la infancia ( antes de los 12 años)  siendo más frecuente este tipo de presentación en las mujeres.
¿Cómo se diagnostica el trastorno de déficit de atención sin hiperactividad en adultos?
No hay una sola prueba médica o genética, los test genéticos nos dan una probabilidad de tenerlo o no, pero jamás confirman el diagnostico. Otras pruebas test, pruebas atencionales con programa virtuales, nos ayudan al diagnóstico, pero el diagnostico se realiza por  un profesional de la salud mental cualificado, como un médico o psicólogo clínico, debe de evaluar a la persona para poder dar el diagnóstico.
    El médico u otro profesional de la salud mental hará una entrevista diagnóstica para obtener un historial detallado acerca de tus patrones de conducta pasados y presentes. La entrevista incluirá preguntas acerca de cómo funcionas en la casa, en el trabajo y en la escuela. Puede que también entrevisten a los miembros más cercanos de tu familia y a tus amigos cercanos para verificar la información y dar más detalles. Así mismo se valorará antecedentes familiares, valoración de otras enfermedades, con su diagnostico diferencial

TRATAMIENTO

Simpre un trtamiento bimodal con participación del médico y psicólogo. El medico según clínica valorará la necesidad de tratamiento farmacológico, que en la mayoría de las veces se recetará fármacos indicados para el TDAH, ya que si se ha llegado a consultar este problema claramente es por que distorsiona la vida del paciente. El psicólogo por su parte además de psi coeducación   sobre el tdah, la ayudará a la adquisición de recursos , como uso de agenda, alarmas planificación control de la postergación etc.
    Medicamentos – Los medicamentos con receta médica que se usan para tratar tdah en los niños son los que se usa para los adultos  con el ajuste de dosis según clínica/peso. Utilizamos los psico-estimulantes como son las anfetaminas y metilfenidato o los no estimulantes que por cierto es según ficha técnica el indicado en los adultos con tdha.
    Entrenamiento o “coaching”– el entrenamiento es una estrategia relativamente nueva que se ha hecho más popular durante los últimos años. Los entrenadores o “coaches” ayudan a la gente con tdah  a manejar los retos de la vida diaria mediante comentarios, recomendaciones, y apoyo. También ofrecen soluciones prácticas para abordar ciertos problemas – como el manejo del tiempo y la organización – y ayudan a sus clientes a conseguir sus metas.

martes, 14 de noviembre de 2017

PROCEDIMIENTO DIAGNÓSTICO EN LA CONSULTA MEDICA


Pautas para realizar los exámenes diagnósticos según la situación clínica:
– Es fundamental comenzar con una historia clínica completa con exploración neurológica.
– El diagnóstico del TDAH debe ser clínico, apoyado por las escalas de autoevaluación. Como son la escala ASRS V 1-1 de la  OMS, serie larga o abreviada,  La escala de 18 criterios REATING SCALE TDAH,  La escala  wender o wurs y una entrevista sistematizada como la DIVA 2.0

– Evaluar condiciones psiquiátricas.

– Descartar posibles comorbilidades. ( consumo de tóxicos, trastornos de personalidad, trastornos del animo

– Descartar ciertas condiciones médicas (hepatopatías, epilepsia activa, hipertensión, glaucoma) relativas a determinadas contraindicaciones para el tratamiento farmacológico del TDAH.

– Valorar patología DUAL, es decir TDAH y consumo o abuso de sustancias.

– No existe una prueba diagnóstica biomédica específica ni marcador genético,  aunque nos puede orientar a una mayor posibilidad de padecer TDAH

_ Se puede hacer pruebas de laboratorio (analíticas, hematológico y bioquímico generales, oligoelementos, así como hormonas tiroideas) si el facultativo lo ve necesario.

– En caso de sospechas de cuadro neurológico asociado: resonancia magnética cerebral, polisomnograma nocturno, completar los estudios bioquímicos y estudios genéticos.


COMORBILIDADES Y DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

Es importante tener en cuenta que es bastante común la comorbilidad en TDAH del adulto, que afecta tres de cada cuatro pacientes, por lo cual es habitual que un paciente cumpla los criterios de uno o más trastornos asociados, además del TDAH.
Las comorbilidades más frecuentes son los trastornos del humor como depresión mayor, trastorno bipolar y distimia, que tienen una comorbilidad con el TDAH que va desde el 19 al 37%. Para los trastornos de ansiedad la comorbilidad oscila del 25 al 50%. En el abuso de sustancias estudios revelan que al menos estan presentes el tdah en el 25% de los pacientes con problemas de adicion. En el alcohol es del 35%; en otros tipos de abuso de sustancias, si se incluye la marihuana y la cocaína, es del 30%. Además, la automedicación con la nicotina y el exceso de dosis de cafeína se ha de tener en cuenta .
 La tasa de incidenciad e los trastornos de la personalidad es del 10 al 20%, y para la conducta antisocial es del 18 al 28% y  un 20% de comorbilidad para trastornos del  aprendizaje
Para hacer evaluar las comorbilidades existen diferentes escalas, como la escala de ansiedad de Hamilton (HAM-A), la escala de depresión de Hamilton (HAM-D) o el inventario de depresión de Beck (BDI), que abordan todos los niveles de los síntomas.  El diagnóstico diferencial se deberá hacer con cuadros psiquiátricos que puedan originar síntomas similares al TDAH del adulto como son:
Depresión mayor
Falta de concentración, atención y memoria, dificultad en la realización de tareas
Estado de ánimo disfórico, anhedonía,
alteraciones del sueño y del apetito
Trastorno bipolar
Hiperactividad, dificultades con el mantenimiento de la atención y la concentración, cambios de humor, disfórico o eufórico, insomnio y delirios
Ansiedad generalizada
Dificultad para concentrarse Temor y preocupación exagerada; síntomas somáticos de ansiedad
Abuso de sustancias o dependencia
Dificultades con la atención, la concentración y la memoria, cambios de humor Patrón patológico de uso de sustancias con consecuencias sociales, fisiológicas y psicológicas

Trastornos de la personalidad, sobre todo la personalidad límite y antisocial con Impulsividad, labilidad afectiva, Historia de detenciones (de personalidad antisocial), comportamiento suicida (límite de la personalidad), la falta de reconocimiento de que su conducta es contraproducente

sábado, 4 de noviembre de 2017

regulación emocional en el TDAH


Los estudios sobre la regulación emocional en pacientes con TDAH nos indica  que  tienen importantes dificultades para controlar sus emociones, especialmente cuando éstas son negativas .  sabemos por estudios que la comorbilidad  de trastornos del animo como la  depresión esta presente en los pacientes con TDAH,  
Estudios nos informa  que los niños con TDAH son incapaces de ocultar sus emociones incluso después de recibir instrucciones para hacerlo (Walcott y Landau, 2004).  Así mismo  los adultos con TDAH muestran una excesiva labilidad emocional, ese carácter algo explosivo en algunas situaciones ponen de manifiesto en los adultos con TDAH 
los pacientes con tdah, ademas de  presentar dificultades cognitivas (impulsividad, desorganización, inatención), tambien pueden presentar  problemas afectivos relacionados con una pobre regulación emocional: labilidad emocional pronunciada, excesiva reactividad emocional y un carácter fácilmente irritable. Estas dificultades están presentes en adultos con TDAH en ausencia de otros trastornos afectivos comórbidos, como la depresión y la ansiedad,  estos pacientes mejoran, según estudios,  con el empleo de estimulantes  o atomoxetina, este ultimo fármaco la atomoxetina no sólo mejora la labilidad emocional  sino también la regulación emocional de niños y adolescentes con TDAH.  la eficacia del metilfenidato sobre el control emocional en niños y adolescentes no es tanto, por otro lado en, mi experiencia muchos casos, los pacientes   abandona el tratamiento del estimulante  bien  por que los padres al ver a sus hijos parados, refieren un aplanamiento emocional en sus hijos,  y ellos dicen que lo ven parado e identifican este fenómeno con el cese hiperquinetico  y espontaneidad con el estado de animo del paciente, de la misma forma los adolescentes abandona el tratamiento farmacológico porque dejan de ser mas expontaneos mas inhibidos, menos graciosos 

Pero volviendo a los estudios científicos  muestra que aunque el metilfenidato reduce la labilidad emocional de los niños con TDAH,  estudios conductuales han observado dificultades en la regulación emocional en pacientes  con TDAH a pesar de que gran parte de ellos estaban medicados con metilfenidato (Jensen y Rosen, 2004; Johnson & Rosen, 2000).

Las bases neurobiológicas que subyacen a la pobre regulación emocional en los pacientes con  TDAH, algunas de las principales regiones cerebrales implicadas en el control emocional, están alteradas como son:  la corteza dorsolateral y ventromedial , la corteza cingulada anterior Passarotti (2010)  sugieren que una baja activación de la corteza prefrontal ventrolateral podría estar detrás de la pobre regulación emocional mostrada por muchos niños con TDAH.

Todo esto hemos de tenerlo en cuenta a la ha de tratar el TDAH 
 tenendolo en cuenta a la hora de llevar una intervencion educativa para incrementar la motivación de los alumnos con TDAH. Por un lado, la hipoactivación de la respuesta del sistema mesolímibico (particularmente, el estriado ventral) durante la anticipación de la recompensa explicaría las importantes dificultades que tienen muchos de los niños con TDAH para trabajar con refuerzos a largo plazo y para mantener la motivación en tareas monótonas y aburridas sin olvidar los problemas de la  inatención,  hiperactividad e impulsividad 

viernes, 3 de noviembre de 2017

Intervención terapéutico-educativa sobre aspectos emocionales en adolescente con TDAH, Trastorno de las emociones y comportamiento y familia.


 
Fallo de los Premios Editorial GEU a “Proyectos TDAH de Investigación e Intervención”
Huelva 3 de octubre de 2017
Teniendo en cuenta el objetivo general de nuestro congreso “una intervención terapéutica integral e integradora” y los objetivos específicos (enunciados en la web), se ha reunido el Comité Científico del III Congreso Andaluz de TDAH para seleccionar aquellos proyectos presentados que, cumpliendo las bases, respondan de una forma clara a los objetivos mencionados.
A continuación hacemos público el fallo del comité.
Premios Finalistas
  • Título: Intervención terapéutico-educativa sobre aspectos emocionales en adolescente con TDAH, Trastorno de las emociones y comportamiento y familia.
Autor: Dña. María Carmen Serrano-Piñar, D. Juan Antonio Arance-Maldonado, Dña. Teresa Arance González, D. José Carlos Soto-Carmona y Dña. María González Sánchez.
  • Título: Variable familiares en el TDAH.
TITULO
 Intervención terapéutico-educativa sobre aspectos emocionales en adolescente con TDAH, Trastorno de las emociones y comportamiento y familia. 

AUTORES María Carmen Serrano-Piñar, Juan Antonio Arance-Maldonado, Teresa AranceGonzález, José Carlos Soto-Carmona y María González Sánchez.

 INTRODUCCIÓN 
El TDAH es una de las afecciones neuroconductuales más frecuentes en la infancia y adolescencia, ya que afecta del 5 al 10% de la población infanto juvenil mundial. En España del 6,8%. El DSMV lo define como un patrón de comportamiento y funcionamiento cognitivo, que puede evolucionar en el tiempo y que es susceptible de provocar dificultades en el funcionamiento cognitivo, educacional y/o laboral del individuo que lo padece. Barckley y otros autores, defienden la existencia de alteraciones emocionales como característica del trastorno, lo que puede propiciar dificultades en la modulación de las emociones y bajas competencias emocionales de estos pacientes. 

OBJETIVOS

  1.  Dotar a la adolescente y su familia de técnicas de afrontamiento adecuadas para el control emocional propio. 
  2. Capacitar en resolución de conflictos y autocontrol mediante la aplicación de técnicas de modificación de conducta. 
  3. Mejorar capacidad de concentración, memoria, razonamiento y atención usando diversas técnicas a nivel cognitivo-conductual. 
METODO
 Intervención educativa-terapéutica, basada en los principios de la terapia cognitivo-conductual y haciéndole partícipe en primera persona de su proceso de crecimiento personal, llevando a cabo sesiones individuales semanales y grupales del paciente y su familia. 
TEST ASRS-VI ADULTO, 
REATIG SCALE TDAH y
TEST WENDER UTAH SCALES,
TEST IMPULSIVIDAD DE BARRAT, 
CONDUCTAS ALIMENTARIAS RASGOS OBSESIVOSCOMPULSIVOS Y AUTOREGISTROS. 



 CONCLUSIONES Recientes estudios desvelan que una buena educación emocional en personas con TDAH es de gran ayuda para el buen desarrollo cognitivo y educacional. La presente intervención educativa-terapéutica demuestra que el entrenamiento de las emociones como prioridad en la persona afectada y su familia, mejora la clínica del paciente significativamente, reduciendo los riesgos de fracaso escolar y conductas desadaptativas, aumentando la motivación por el estudio y favoreciendo la cohesión y conviencia familiar.