domingo, 31 de mayo de 2026

CUANDO SE JUNTA EL TDAH Y SINDROME ACUMULATIVO

 SINDROME ACUMULATIVO Y TDAH

El síndrome de acumulación, conocido en el ámbito clínico como trastorno de acumulación, es una condición psicológica caracterizada por la dificultad persistente para deshacerse de objetos, independientemente de su valor real. Este comportamiento no responde simplemente a una preferencia por guardar cosas, sino que implica un malestar significativo ante la idea de desecharlas, así como la necesidad constante de conservarlas. Como consecuencia, los espacios de la vivienda se vuelven progresivamente desorganizados e incluso inutilizables, lo que afecta a la vida cotidiana de la persona.

Este trastorno se sustenta en diferentes procesos psicológicos. Entre ellos destacan las dificultades en la toma de decisiones, el perfeccionismo, la intolerancia a la incertidumbre y un fuerte apego emocional hacia los objetos. Muchas veces, los objetos adquieren un significado que va más allá de lo material, funcionando como símbolos de seguridad, recuerdos personales o elementos que contribuyen a la identidad del individuo. A todo ello se suma un déficit en las funciones ejecutivas, es decir, en aquellas habilidades cognitivas que permiten organizar, planificar y regular la conducta.


TDAH

Acrilico con espátula Arance

En este punto es donde se establece una relación relevante con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que se caracteriza por dificultades en la atención, la impulsividad y, en algunos casos, la hiperactividad. Uno de los aspectos centrales de este trastorno es la alteración de las funciones ejecutivas, lo que lo conecta directamente con los problemas observados en el síndrome de acumulación.

Las personas con TDAH suelen presentar dificultades para organizar su entorno, planificar tareas y mantener la atención en actividades monótonas como ordenar o clasificar objetos. Esta desorganización crónica favorece la acumulación progresiva, ya que los objetos no se colocan en un lugar definido ni se revisan periódicamente. A esto se añade la tendencia a la procrastinación, que lleva a posponer tareas relacionadas con el orden o la limpieza. De igual modo, la distractibilidad hace que muchos intentos de organización se abandonen antes de completarse.

Otro factor relevante es la impulsividad, que en algunos casos se traduce en la adquisición innecesaria de objetos, lo que contribuye al aumento del volumen acumulado. Asimismo, algunas personas con TDAH presentan dificultades para categorizar objetos de forma eficaz, lo que genera indecisión a la hora de guardarlos o desecharlos. Como resultado, muchos elementos permanecen en un estado de “pendiente” que termina favoreciendo el desorden.

A pesar de estas similitudes, es importante diferenciar ambos trastornos. 

1  En el síndrome de acumulación predomina un fuerte apego emocional a los objetos y una gran ansiedad ante la posibilidad de deshacerse de ellos

2 En el TDAH, en cambio, el problema principal suele estar relacionado con la desorganización y la dificultad para ejecutar tareas, más que con la necesidad de conservar objetos. Sin embargo, cuando ambos trastornos coinciden, el deterioro funcional suele ser mayor.

En cuanto a su frecuencia, el trastorno de acumulación afecta aproximadamente entre un dos y un seis por ciento de la población general, mientras que el TDAH en adultos tiene una prevalencia cercana al dos al cinco por ciento. Diversas investigaciones han señalado que una proporción significativa de personas con acumulación presentan también síntomas de TDAH, especialmente en su forma inatenta.

La coexistencia de ambos problemas puede tener importantes consecuencias. Entre ellas se encuentran un mayor grado de desorganización, dificultades en la vida social y laboral, problemas de higiene y seguridad en el hogar, así como un impacto negativo en la autoestima. Muchas personas experimentan sentimientos de frustración al no poder gestionar su entorno de manera eficaz.

El tratamiento en estos casos debe ser integral. La terapia cognitivo-conductual constituye una de las intervenciones más eficaces, ya que permite trabajar tanto las creencias asociadas a los objetos como la ansiedad que genera el hecho de desecharlos. Además, resulta fundamental incorporar estrategias dirigidas a mejorar las funciones ejecutivas, como la planificación de tareas, la estructuración del tiempo y el establecimiento de rutinas. En los casos en que existe TDAH, el tratamiento farmacológico puede contribuir a mejorar la atención y el control conductual, facilitando así el abordaje del problema.

El síndrome de acumulación y el TDAH comparten un elemento central: las dificultades en la regulación cognitiva y conductual. Comprender la relación entre ambos trastornos permite realizar un diagnóstico más preciso y diseñar intervenciones más adecuadas, teniendo en cuenta no solo el comportamiento observable, sino también los procesos psicológicos que lo sostienen.

Causas que activan la ira en el TDAH


La ira en el TDAH no es un rasgo de personalidad, sino la consecuencia de un conjunto de alteraciones neurobiológicas, cognitivas y emocionales que dificultan la modulación de la respuesta afectiva. Se activa cuando coinciden varios factores.

1. Hiperreactividad de la amígdala
La amígdala responde con más intensidad y rapidez ante estímulos percibidos como frustrantes o amenazantes.  
- Se activa antes de que la corteza prefrontal pueda intervenir.  
- Genera emociones súbitas, intensas y difíciles de frenar.  
- Aumenta la probabilidad de respuestas de ira desproporcionadas.

2. Déficit en la inhibición prefrontal
La corteza prefrontal, responsable del control emocional, actúa más tarde y con menos eficacia.  
- Menor capacidad para “frenar” la emoción.  
- Dificultad para mantener la perspectiva durante el pico emocional.  
- La ira se expresa antes de poder procesarla cognitivamente.

3. Impulsividad emocional
No es solo motora: es afectiva.  



- Las emociones aparecen rápido, fuerte y sin filtro.  
- La reacción es inmediata, sin tiempo para evaluar consecuencias.  
- Tras el estallido, suele haber arrepentimiento o desconcierto.

4. Baja tolerancia a la frustración
El sistema dopaminérgico del TDAH necesita recompensa inmediata.  
- Cuando la tarea es difícil, lenta o aburrida, la frustración sube rápido.  
- Pequeños obstáculos se viven como bloqueos intensos.  
- La irritabilidad surge como respuesta automática.

5. Disforia sensible al rechazo (DSR)
Una de las causas más frecuentes de ira en adultos con TDAH.  
- Hipersensibilidad a críticas, correcciones o desaprobación.  
- El dolor emocional se transforma en ira o explosión afectiva.  
- Reacciones intensas ante comentarios que otros perciben como neutros.

6. Sobrecarga cognitiva y fatiga mental
El esfuerzo constante por mantener la atención y organizarse agota los recursos ejecutivos.  
- Al final del día, la capacidad de regulación emocional cae.  
- La irritabilidad aumenta ante demandas adicionales.  
- La ira aparece como respuesta a la saturación.

7. Dificultades en la autorregulación emocional
El TDAH afecta la capacidad de modular la emoción una vez activada.  
- Cuesta “bajar” la intensidad emocional.  
- La memoria de trabajo no sostiene la perspectiva (“esto pasará”).  
- La emoción domina la conducta.

8. Experiencias de vida y aprendizaje emocional
Años de críticas, incomprensión o fracaso escolar/laboral generan un terreno emocional vulnerable.  
- Se refuerzan patrones de respuesta impulsiva.  
- Aumenta la sensibilidad a la frustración y al rechazo.  
- La ira se convierte en un mecanismo aprendido de defensa.


Síntesis clínica

La ira en el TDAH aparece cuando coinciden:  
- Amígdala hiperreactiva (enciende rápido).  
- Corteza prefrontal lenta (frena tarde).  
- Impulsividad emocional (reacción inmediata).  
- Frustración elevada (baja tolerancia).  
- Fatiga cognitiva (menos recursos para regular).  
- Historia vital sensible (crítica, rechazo, fracaso).  

Entre el 30–70% de los niños con TDAH presentan desregulación emocional significativa.

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por inatención, hiperactividad e impulsividad.  

Sin embargo, en la práctica clínica actual se reconoce un cuarto componente fundamental: la desregulación emocional, que explica gran parte del deterioro funcional y de la comorbilidad asociada.

La evidencia científica y la experiencia clínica en unidades de psiquiatría infantil y adolescente —como las dirigidas por especialistas del perfil de la Dra. Paloma Varela Casal— coinciden en que la desregulación emocional es un rasgo central, no un añadido.

Entre el 30–70% de los niños con TDAH presentan desregulación emocional significativa.

 ¿Qué es la desregulación emocional?
La desregulación emocional en el TDAH se define como la dificultad para modular, inhibir y recuperar el equilibrio emocional ante estímulos internos o externos.

Incluye:


- Reactividad emocional elevada  

- Explosiones emocionales (ira, llanto, frustración)  
- Impulsividad emocional  
- Recuperación lenta tras un pico emocional  
- Baja tolerancia a la frustración  
- Sensación subjetiva de “desbordamiento”  

Es un patrón estable, observable en casa, escuela y relaciones sociales.


Neurobiología de la desregulación emocional en el TDAH, la desregulación emocional se explica por la alteración de tres sistemas:

a) Corteza prefrontal (CPF)
- Menor activación en redes ejecutivas  
- Dificultad para inhibir respuestas emocionales automáticas  

b) Amígdala
- Hiperreactividad ante estímulos negativos  
- Respuestas emocionales más intensas y rápidas  

c) Conectividad fronto‑límbica
- Retraso madurativo  
- Menor capacidad de “freno” emocional  

Esto convierte al TDAH en un trastorno de autorregulación global: cognitiva, conductual y emocional.


Manifestaciones clínicas
La desregulación emocional se expresa de forma distinta según la edad:

En la clinica en Infancia nos encontramos 
- Rabietas intensas y prolongadas  
- Frustración extrema ante límites  
- Dificultad para “cambiar de actividad”  

 en la adolescencia podemos observar 
- Irritabilidad  
- Respuestas desproporcionadas  
- Conflictos familiares y escolares  
- Riesgo de autolesiones no suicidas  en algunas ocasiones 

Adultez
- Impulsividad emocional  
- Dificultad para gestionar estrés  
- Problemas laborales y de pareja  

 Impacto funcional
La desregulación emocional es uno de los principales predictores de deterioro en:

- Rendimiento académico  
- Relaciones familiares  
- Integración social  
- Conductas de riesgo  
- Autolesiones  
- Evolución hacia trastornos afectivos o de conducta  

Entre el 30–70% de los niños con TDAH presentan desregulación emocional significativa.


Relación con comorbilidades
La desregulación emocional actúa como “puente” hacia otros trastornos:

- Trastorno negativista desafiante (TND)  
- Trastornos de conducta  
- Trastorno límite de la personalidad (TLP)  
- Ansiedad y depresión  
- TEA  
- Adicciones  


 Evaluación clínica

La evaluación debe incluir:

- Entrevista clínica estructurada  
- Observación del comportamiento  
- Escalas específicas (p. ej., BDEFS, ERC, DERS)  
- Información de familia y escuela  
- Análisis funcional de episodios emocionales  

Más sobre evaluación: evaluación de desregulación emocional.



 Tratamiento

El abordaje debe ser multimodal:

a) Farmacológico
- Estimulantes: mejoran impulsividad emocional y reactividad  
- Guanfacina: útil en irritabilidad, agresividad reactiva podemos utilizar en el TDAH infantil  
- Atomoxetina: mejora estabilidad emocional   tanto en el TDAH inftil y adulto 
- ISRS: si hay ansiedad o depresión asociada  

b) Psicoeducación
- Comprender el origen neurobiológico  
- Reducir culpa y estigma  
- Entrenar a la familia en anticipación y contención  

c) Intervención psicológica

- TCC adaptada a TDAH  
- Entrenamiento en habilidades emocionales  
- Regulación fisiológica (respiración, mindfulness)  
- Entrenamiento parental  

d) Intervención escolar
- Ajustes conductuales  
- Señales anticipatorias  
- Espacios de regulación  

Resumiendo la desregulación emocional es un componente esencial del TDAH, especialmente en la infancia y adolescencia.  Tenerlo esto en cuenta nos  permite:

- Mejor diagnóstico  
- Intervenciones más  global  y mas eficaces  
- Prevención de comorbilidades  
- Reducción del deterioro funcional  







lunes, 7 de junio de 2021

EL TDAH Y ALTERACION ALIMENTARIA

 EDITADO EN REDACCION MEDICA

Algunos desórdenes alimentarios, además, expresan clínica de déficit de atención e hiperactividad

El TDAH se acompaña de alteración alimentaria o incluso la produce
La psiquiatra Montse Pàmias, especializada en el tratamiento del TDAH en comorbilidad con el TCA.


17 nov 2016. 09.30H
SE LEE EN 2 minutos
POR @JAVIERBARBADO
El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) a menudo se acompaña de desórdenes alimentarios paralelos o incluso los produce. Al mismo tiempo, alteraciones de la conducta alimentaria expresan síntomas de hiperactividad que no deben confundirse con el TDAH.

Esta triple diferencia en la clínica de los pacientes ha sido recalcada a Redacción Médica por la psiquiatra Montse Pàmias, quien ha llamado la atención sobre el carácter bidireccional del proceso.

“Se da la circunstancia de que un trastorno de conducta alimentaria, en concreto un cuadro de anorexia restrictiva con muy bajo índice de masa corporal, refiere clínica de déficit de atención e hiperactividad sin que se trate de un TDAH –de hecho, al recuperar el paciente el peso desparecen los síntomas–”, ha razonado.

Al mismo tiempo –prosigue– un TDAH da pie per se a más riesgo de obesidad y otras alteraciones inespecíficas (no tanto la anorexia y la bulimia). Y, por último, el TDAH tratado con fármacos deriva en ocasiones, por efecto de éstos, en patología alimentaria vinculada a pérdida del apetito, lo que hace que, en ese caso concreto, el médico deba optar por el medicamento más apropiado (por ejemplo, la atomoxetina, que influye menos en las ganas de comer del enfermo).

Esta serie de circunstancias clínicas ha sido estudiada en dos ensayos recientes dados a conocer por los psiquiatras Francisco Ferre y Pedro Ruiz durante el XII Congreso Hispano Latinoamericano de Trastornos de la Conducta Alimentaria celebrado en Barcelona.

Este foro está organizado, de manera conjunta, por el Instituto de Trastornos Alimentarios (ITA) y la Academia de Desórdenes de la Alimentación (AED, por sus siglas en inglés).

TRASTORNOS DE LA ALIMENTACION Y TDAH

Ansiedad, depresión y trastornos de la conducta alimentariaTrastorno por atracón: el “nuevo” trastorno alimentario


Existen varios tipos de trastornos de la conducta alimentaria, entre los que se encuentran la anorexia, la bulimia y el trastorno de atracones. El trastorno de la conducta alimentaria más común es el trastorno de atracones y también es el que más coincide con el TDAH.

El trastorno de atracones afecta a alrededor del 3,5 por ciento de las mujeres y al 2 por ciento de los hombres en los Estados Unidos. Se estima que un 30 por ciento de todos ellos tiene TDAH. Los investigadores creen que los síntomas del TDAH como la impulsividad y la inatención juegan un papel.

Las personas con el trastorno de atracones presentan episodios recurrentes de atracones en los que ingieren grandes cantidades de comida rápidamente hasta sentirse desagradablemente llenos. A diferencia de la bulimia, no intentan el vómito auto -provocado, el uso de laxantes y diuréticos, el ayuno o el ejercicio excesivo para evitar el aumento de peso. Pero suelen sentirse a disgusto con ellos mismos, deprimidos o avergonzados.

Hemo de destacar que la  obesidad frecuentemente coexiste con el TDAH y con el trastorno de atracones. Los pacientes con tdha suelen comer con la vista, y casi literalmente tragan rápidamente la comida, todo ellos es un rasgo más de impulsividad,  la perdida de peso cuando se pauta tratamiento específico para el tdah , los estimulantes como metilfenidato etc o no estimulantes cono la atomoxetina tiene un efecto de quitar el apetito , por si mismo estos fármacos y por bajar la impulsividad en el paciente,  repercutiendo en la impulsividad al comeré. 10 consejos para una alimentación saludable 10-consejos-para-una-alimentación-saludable

Los expertos creen que las personas con TDAH comen en exceso para satisfacer la necesidad de estimulación que tienen sus cerebros. Los problemas con la que caracterizan al TDAH pueden dificultar el autocontrol y la autorregulación.

La inatención también puede ser un factor determinante. Las personas con TDAH puede que no sean conscientes o no estén enfocadas en sus hábitos alimenticios. Por ejemplo, puede que no reconozcan que tienen hambre y luego terminan comiendo en exceso, o que no presten atención cuando están satisfechas y sigan comiendo.

Estudios nos dan a entender  que existe una relación genética, que existen genes comunes en personas que tienen TDAH, trastorno de atracones y obesidad. Estos genes están involucrados en la transmisión de una sustancia llamada dopamina en el cerebro. Esa transmisión no es muy eficiente cuando se tiene TDAH.

La conexión directa entre la bulimia y el TDAH no es tan sólida como la que existe entre el trastorno de atracones y el TDAH. Sin embargo, los atracones también pueden ser parte de este tipo de trastorno de la conducta alimentaria. Por lo tanto, no es inusual que las personas tengan TDAH y bulimia.   Con relación  a la anorexia, los estudios no indican que esté relacionada con el TDAH. Las conductas asociadas con ambas condiciones son totalmente diferentes. Las personas con TDAH son impulsivas. Las personas con anorexia son compulsivas, y limitan la cantidad de comida que ingieren en lugar de comer en exceso.

Los problemas de salud mental también pueden contribuir con los trastornos de la conducta alimentaria. Dos de los más comunes, la ansiedad y la depresión, a menudo coexisten con el TDAH. Es por ello que los niños con TDAH pueden tener un riesgo aún mayor de padecer un trastorno de la conducta alimentaria si además tienen un problema de salud mental.

El TDAH, los trastornos de la conducta alimentaria y los problemas mentales, como la ansiedad,  deben tratarse como patología comorbidas del tdha

El tratamiento psicológico con  es importante tano para el tratamiento del TDAh como para el trastorno de  los trastornos de conducta alimentaria y otras patologías comorbidas con el tdah . la  terapia cognitivo-conductual  es básica en el tratamiento de estos pacientes especialmente en los adolescentes con tdah y problemas emocionales.

 

 

Síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en pacientes adultos con trastornos alimentarios

Síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en pacientes adultos con trastornos alimentarios

    1. [1] Karolinska Institute
  • Localización: RET: revista de toxicomanías, ISSN-e 1136-0968, Nº. 82, 2019, págs. 19-
  • Resumen
    • Antecedentes: se sabe muy poco acerca de la prevalencia de los síntomas del TDAH en la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón y aún menos en otros trastornos de la alimentación. Esta laguna de conocimiento tiene importancia clínica ya que el tratamiento con estimulantes se ha demostrado efectivo en el trastorno por atracón y se discute como una posibilidad para el tratamiento de la bulimia nerviosa. El objetivo de este estudio era explorar la prevalencia y los tipos de síntomas de TDAH autorreportados en un grupo no seleccionado de pacientes con trastornos alimentarios evaluados en una clínica especializada en trastornos alimentarios.

      Métodos: En total se evaluó a 1.165 adultos con un trastorno alimentario, con una batería de instrumentos estandarizados para medir, entre otros, la detección del TDAH, las variables demográficas, los síntomas del trastorno alimentario y la comorbilidad psiquiátrica. Para las variables categóricas se usaron las pruebas de chi-cuadrado y para las variables continuas las pruebas de Kruskal-Wallis.

      Resultados: Casi un tercio (31,3%) de los pacientes puntuaron por encima del punto de corte de cribado indicando un posible TDAH. Las tasas de prevalencia más altas (35-37%) se encontraron en Bulimia Nerviosa y Anorexia Nerviosa, subtipo de atracones y purgas, mientras que los Trastornos de la Conducta Alimentaria No Especificados de otro modo tipo 1-4 y los pacientes con Trastorno por Atracón reportaron ligeramente por debajo de la media (26–31%), y el subtipo restrictivo de anorexia nerviosa incluso más bajos (18%). La presencia de atracones, purgas, pérdida de control sobre la alimentación y el IMC no anoréxico se relacionaron con resultados que indican un posible TDAH. La comorbilidad psiquiátrica se correlacionó con los síntomas del TDAH sin explicar las diferencias entre los diagnósticos de trastornos alimentarios.

      Conclusiones: Existe una alta frecuencia de síntomas de TDAH en pacientes con trastorno por atracón y pacientes con trastorno purgativo que motivan estudios adicionales, en particular con respecto a los efectos de los medicamentos para el TDAH. El hallazgo de que la frecuencia de los síntomas del TDAH en la anorexia nerviosa con atracones / purgas sea tan alta como en la bulimia nerviosa también destaca la necesidad para este grupo.

 

viernes, 17 de enero de 2020

Un alto cociente intelectual retrasa la detección del TDAH

REDACION MEDICA


La inteligencia del niño con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no está mermada (de hecho a menudo sucede lo contrario). En consecuencia, el rendimiento académico no siempre delata el problema y, a veces, un niño inteligente, pero que padece el trastorno, no da señales que sirvan de alarma a padres y educadores para llevarlo al médico.

Así lo razona Paloma Méndez, neuropsicóloga clínica del Hospital Quirónsalud San José, quien ha subrayado que a muchos pequeños no se les diagnostica el trastorno precisamente por ese motivo.

“Una vez sospechamos que el niño puede tener TDAH, debemos encaminar los pasos hacia su diagnóstico. La determinación del cuadro debe ser siempre multidisciplinar, siendo el eje central el neuropediatra, en colaboración con el psicólogo y el neuropsicólogo, fundamentalmente”, ha añadido.

En el extremo contrario –puntualiza– “en ocasiones se da un sobrediagnóstico y nos encontramos con pequeños con un problema de conducta o con dificultades cognitivas de otra índole que son etiquetados, de forma inadecuada, de TDAH”.

Para tratar de esclarecer el diagnóstico, Méndez recomienda que el clínico ponga el acento en los síntomas nucleares: déficit de atención, hiperactividad e impulsividad.  “No obstante, no es necesario que se den conjuntamente los tres síntomas para presentar el cuadro, ya que hay diferentes subtipos: tipo combinado (con los tres síntomas), predominio hiperactivo-impulsivo y predominio del déficit de atención”, explica.

Un alto cociente intelectual retrasa la detección del TDAH
Paloma Méndez, neuropsicóloga clínica del Hospital Quirónsalud San José

El TDAH condiciona la regulación del sueño, la atención, el funcionamiento ejecutivo, el nivel de actividad y la inhibición de la conducta. “En muchas ocasiones, sus síntomas dificultan la relación del niño con el entorno y es frecuente que se asocie a problemas de comportamiento y a dificultades escolares”, continúa.

‘Pistas’ para que los padres detecten el trastorno

Esta neuropsicóloga clínica señala algunas pistas que los padres deben tener en cuenta para orientar la búsqueda de ayuda.

Entre otras, señala las que siguen: “Que en  el colegio refieran que se dan uno o varios síntomas nucleares del cuadro (déficit de atención, hiperactividad e impulsividad) y que los síntomas aparezcan antes de los seis años de vida y se mantengan al menos seis meses y en todos los contextos (escuela, casa, cuando está con otros familiares, en actividades extraescolares, etc.)”.

Asimismo, resulta necesario “esperar hasta los seis años, pues a nivel madurativo hay diferentes ritmos de desarrollo, lo que puede ocasionar que un niño de cuatro años con aparentes signos de TDAH evolucione normalmente y a los seis no muestre ninguno”.

“La alerta atencional suele ser adecuada, por lo que no debe despistar a los padres que su hijo pueda focalizar bien la atención cuando algo le motiva (por ejemplo, un juego de videoconsola)”, advierte.

“El mejor consejo es que, ante la duda, es menos perjudicial valorar a un niño que no tiene TDAH, que retrasar el diagnóstico precoz al pensar que el pequeño evolucionará normalmente”, recomienda.